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Hombre que cursa Ciencias Sociales y Jurídicas, perfil del universitario con discapacidad

viernes, 24 de enero de 2020

​«La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser», dejó escrito el poeta griego Hesíodo. Antes de incorporarse como uno de los derechos fundamentales del ser humano, antes, mucho antes, la educación ha sido contemplada como uno de los pilares seminales para la plenitud de toda persona. ​

Educación inclusiva«La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser», dejó escrito el poeta griego Hesíodo. Antes de incorporarse como uno de los derechos fundamentales del ser humano, antes, mucho antes, la educación ha sido contemplada como uno de los pilares seminales para la plenitud de toda persona. 

Sin embargo, aunque en los países en vías de desarrollo, el sur geográfico del planeta, la educación más que derecho resulte un privilegio (según cifras de la Unesco, más de 260 millones de menores están sin escolarizar y más de 600 millones son analfabetos) en los países más prósperos aún hay colectivos que encuentran dificultades para recibir una educación, como el de las personas con discapacidad. 

En España, un cuarto de las personas con discapacidad, cuatrocientas setenta mil, no supera los estudios primarios; solo un 16,9% del colectivo cuenta con estudios superiores (menos de la mitad que presenta el resto de población), y la prelación del porcentaje de personas con discapacidad sin estudios es doce veces superior. Son datos del Observatorio de la Discapacidad y Mercado de Trabajo en España, de la Fundación ONCE.

Una de las causas que explican este dislate hay que buscarlo en el modelo educativo. Isabel Martínez Lozano, apuesta por acometer «con firmeza» el cambio del modelo educativo, para implantar la educación inclusiva, en la que, a su juicio, España «es tan deficitaria». En este sentido, el presidente del Cermi, Luis Cayo Pérez Bueno, asegura que «la educación inclusiva ya no es un horizonte, es una realidad que vendrá, es ineludible». 

Pero la brecha, a diferencia de lo que sucede en otras esferas de la sociedad, queda favorable del lado de las mujeres, que alcanzan niveles formativos más altos, con un 19,8% de licenciadas, algo que también, de manera directamente proporcional, va a parejo a la edad, tal y como recoge Odismet. 

PERFIL DEL UNIVERSITARIO CON DISCAPACIDAD

De los 21.435 universitarios de grado, primer y segundo ciclo con discapacidad, la proporción de estudiantes que permanecen en la universidad disminuye a medida que avanza los estudios, contando con un 1,8 % de estudiantes de grado, primer y segundo ciclo; 1,2 % de posgrado y máster y 0,7 % de doctorado.

La discapacidad predominante es la física (55,9 %), y la menos representada, la sensorial (visual y auditiva, 17,6 %). 

Atendiendo a las conclusiones del V Estudio 'Universidad y Discapacidad', elaborado por la Fundación Universia con la colaboración de Fundación ONCE, Cermi, Real Patronato de la Discapacidad y la CRUE, el perfil de estudiante universitario con discapacidad en las universidades españolas es un hombre (51%) que cursa sus estudios de Ciencias Sociales y Jurídicas (54%).

Martínez Lozano asegura que muchos estudiantes con discapacidad son «animados» a dejar los estudios en Bachillerato, en lugar de motivarles para que cursen estudios universitarios, quien asegura que en Fundación ONCE "cada año detectamos casos de este tipo". Por ello es por lo que, tal y como insiste esta experta, “es necesario mejorar el acceso a la universidad dado que hay una mayoría estudiantil que no pasa de la secundaria. Es necesario apostar por la educación inclusiva y mejorarla en primaria, en ESO y secundaria”.

La zona de residencia es un elemento clave para entender los niveles educativos. Según datos de Odismet, en las grandes áreas urbanas se alcanza un nivel formativo del 20,3% de universitarios, frente al 10,7% detectado en zonas rurales.

NUESTRO LUGAR EN EUROPA

Al comparar los datos de España con los de nuestros vecinos, resultan situarse muy por encima de la media europea en lo que respecta a personas con discapacidad con bajo nivel educativo (es decir, con estudios inferiores a la secundaria superior, con un 65,7% frente a la media, de 38,1%, y sólo superada por Turquía (86,2%), Portugal (84,8%) y Malta (78,8%). 

La nueva legislatura es buen momento para realizar mejoras en la inclusión del alumnado con diversidad en la universidad, sobre todo teniendo en cuenta la intención de Pedro Sánchez de redactar una nueva ley de universidades. Según Martínez Lozano, con la nueva ley «deben darse pasos más ambiciosos».
Sin una educación inclusiva y equitativa de calidad no se conseguirá la efectiva igualdad de oportunidades, ni quebraremos el ciclo de pobreza y exclusión que envuelve a las personas con discapacidad. No sólo en España. En cualquier lugar del mundo. 
 

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