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El reto de ser capaces

lunes, 21 de febrero de 2011

​Discapacitados intelectuales de la provincia pelean a diario por ganarse su autonomía a base de aprendizaje y trabajo en los centros​

Existe una máxima en las asociaciones que componen la Confederación Española de Organización a favor de las Personas con Discapacidad Intelectual (FEAPS) por la cual si una persona resuelve con éxito un reto cotidiano supera la dificultad y se aleja de la discapacidad. Bajo esta filosofía todas las personas en algún momento del ciclo vital han estado incapacitadas para resolver determinadas circunstancias. Esto es igualdad, es el paradigma por el que se rigen los recursos que dan oportunidades reales a las personas discapacitadas.

La única diferencia con una persona que tiene un coeficiente medio es que día a día superan con éxito el reto de ser capaces. La discapacidad intelectual no les aleja de tener una vida normalizada, de tener un empleo o una vivienda. Sufren la crisis, el tener que hacer la comida todos los días, limpiar sus hogares o poner la lavadora. Son capaces de vivir.

El concepto de coeficiente intelectual (CI) ha ido evolucionando a lo largo de los años y la sociedad ha empezado a comprender que un CI por debajo de la media no impide tener una vida normalizada. Sólo se necesita organización y aprendizaje para que las habilidades sociales, laborales o domésticas queden impregnadas en las personas con discapacidad.

En Alicante existen numerosos recursos que mejoran la calidad de vida de las personas discapacitadas y de sus familias. Centros ocupacionales, viviendas tuteladas, residencias o centros de empleo se ocupan de dar oportunidades para que puedan protagonizar su vida.
La mayoría de poblaciones disponen de centros ocupacionales que tienen como objetivo enseñar a que las personas discapacitadas adquieran habilidades sociales y laborales. Multitud de empresas, concienciadas con la labor, dan trabajos sencillos de anclaje o embolsado para que los discapacitados aprendan lo que es tener un empleo. Jimten o Comalcar son dos de las que colaboran en el proyecto.

La vivienda tutelada es un recurso que da autonomía, libertad y seguridad a los inquilinos que las habitan. Todos los días, un educador social supervisa las casas, ayuda a resolver posibles problemas y apoya en las tareas cotidianas. Los pisos tutelados permiten tener una vida más normalizada. Sin embargo, según apunta David Manzanera, director de área residencial de la Asociación Pro Discapacitados Psíquicos de Alicante (APSA), «muchas familias no se plantean esta opción, y es una pena; tal vez es por miedo a dejarlos solos».
Si la familia del discapacitado no puede mantenerlo, otra opción son las residencias, donde el nivel de apoyo y control es mayor que en un piso tutelado. Manzanera explica que la diferencia con el piso es que «las residencias dan más recursos de apoyo y en una vivienda tutelada el entorno es más real».
 
Los centros de empleo realizan una labor importantísima para normalizar la vida del discapacitado. Apsa dispone del Centro de Orientación Formación y Asesoramiento Laboral (COFAL). Ubicado en San Vicente del Raspeig es único en la provincia de Alicante, ya que realiza cursos de formación prácticos para la posterior incorporación de las personas discapacitadas al mercado laboral. Las estadísticas son altas, ya que en 2010 el 60% de los estudiantes que pasaron por los talleres consiguieron un trabajo.

El Cofal dispone de una nave industrial en el polígono Riodel de Mutxamel donde los usuarios de los talleres realizan prácticas. Además, empresas como Tempe, Ecisa, Ciudad de la Luz, Meliá, Suavinex, Coesa, Inusa o los ayuntamientos de San Vicente y Alicante colaboran en esta labor contratando empleados.
 
El director del Cofal, Fernando Romero, explica que el objetivo «no es sólo buscarles trabajo, si no que sean capaces de mantener el empleo. Para ello, un formador laboral supervisa la labor de los trabajadores todas las semanas».

Apsa realiza 12 cursos al año con 10 alumnos. A pesar del alto índice de inserción laboral, tienen 600 personas en la bolsa de trabajo. Fernando Romero afirma que «se nota la crisis, sobre todo en la dificultad de encontrar nuevas actividades».

Las empresas que superan los 50 trabajadores tienen la obligación por ley de reservar un 2% de las plazas a discapacitados. Pero son tiempos difíciles para el mercado laboral, encogido, sin sitio para ellos ni para nadie.
El Centro Ocupacional Maigmó, ubicado en San Vicente del Raspeig, tiene como objetivo enseñar a los discapacitados habilidades sociales y laborales. Para ello, disponen de talleres donde los 68 usuarios del centro practican labores de higiene personal, realizar tareas domésticas o hacen artículos de cerámica para su posterior venta.
 
Disponen de cuatro talleres laborales y tres de habilidades sociales. El trabajo más exitoso son los objetos de cerámica, artículos encargados para eventos especiales o que venden en distintas ferias. Ceniceros, posa-velas o imanes que oscilan entre 1,5 y 5 euros. Los detalles que realizan sorprenden a todo el mundo. Suelen utilizar gres y terracota para crear los elementos decorativos.

La directora del centro, Raquel, explica que «se lo toman muy enserio porque saben que luego se van a vender».
Otro de los talleres es el de manualidades para crear los decorados o disfraces que se utilizan para los eventos que programa el centro. Hacen una hoguera cada año, vestidos y decorados para el carnaval o las obras de teatro. También realizan cuadros pintados y salvamanteles.
En el taller de empleo hacen labores de anclaje o embolsado. Las empresas Jimten y Comalcar les suministran el trabajo y a cambio se les paga una retribución.
Con la venta de los artículos y el sueldo de las empresas financian en parte el centro y se les da una paga de 6 euros a los usuarios, siempre y cuando hayan tenido un comportamiento adecuado durante la semana.

Cada día, los diferentes grupos van rotando en los distintos trabajos. Los grupos con una capacidad menor pasan más horas practicando las habilidades sociales, los que tienen una discapacidad baja trabajan sobre todo en la cerámica, se rotan en la recepción o realizan las labores de embolsado.
En los talleres de habilidades sociales se les enseña tareas básicas, como saludar, pedir perdón o solucionar conflictos mediante pequeñas representaciones teatrales que ponen a los chicos en situaciones reales. Además realizan prácticas de higiene personal y de tareas domésticas, donde aprenden a cocinar o hacer la cama.
 
La directora del Centro Ocupacional Maigmó, Raquel, explica que algunos discapacitados pueden salir a realizar encargos básicos como comprar el almuerzo o ir a correos: «Con estas actividades ganan seguridad en si mismos, confianza, se motivan y se normalizan».

El centro dispone de un 'piso de respiro' donde algunos usuarios acuden de vez en cuando a pasar el fin de semana junto a dos monitores para realizar actividades de ocio y permitir un descanso a las familias.

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